Institucional

La libreta de Alfredo

aureliano.

Aureliano vivía entre el párpado y la retina de mi ojo izquierdo, era un poco redondito y fosforescentemente verde, usaba unos zapatos negros bien lustrados y los tres pelos de su cabeza embadurnados de gel. Aureliano habitaba una coordenada medio extraña de mi ojo, puedo dibujarla en un papel porque explicarla me resulta difícil... es como en el ojo pero no y es como en el párpado pero no.
Hablaba con Aureliano cuando me sentía solo o aburrido, cuando extrañaba las torrejas de la abuela.
A veces nuestras conversaciones eran diminutas:
- ¡Hola!
- Hola.
Otras veces eran inexistentes:
-
-
Aureliano contaba historias y cantaba canciones, y a veces contaba canciones y cantaba historias. El jueves pasado Aureliano me cantó una canción de Violeta Parra que a mi me gustó mucho. Mi abuela escuchaba las canciones de Violeta Parra en cassette. Aureliano cantaba bien, por suerte su voz era chiquita y se quedaba dentro del ojo, sólo la escuchaba yo, todo por adentro la escuchaba.
Un viernes de hace mucho, Aureliano estaba triste y cantó un tango. Yo no conocía ese tango; Aureliano inauguró sus días tristes ese viernes. Cuando está triste canta ese tango del bandoneón y se niega a explicarme el significado de la palabra, y llora lágrimas de Aureliano que son muy dulces. A veces lloro y no sé porqué, pero ahí empieza el tango y entonces ya me doy cuenta. Cuando Aureliano está triste me dan unos enojos atómicos. Mi mamá dice que si concentrara esa energía en mis pies saldría volando, y se ríe y me da mantecol. Yo no sé porqué se ríe, el mantecol me lo da porque yo le conté de Aureliano y de su tendencia a comer mantecol cuando está triste.
Hubo una tarde que me contó la historia de como llegó a mi ojo y creo que eso es lo más importante de Aureliano. No tanto que hizo ni porqué, ni sus hermosas canciones arrulladas en mi ojo, sino cómo llegó. Aureliano vivía entre una palabra y otra palabra de una canción que mi abuela cantaba siempre, entre "puente" y "quebrado" vivía, yo me di cuenta enseguida que canción era, una muy ligerita, mi papá la sabe en la guitarra, mi abuela la cantaba como corriendo con la voz. Aureliano se tuvo que mudar un invierno que no hubo nieve, hace 1 año, cuando mi abuela se murió. Aureliano dice que él se puso triste y entró a buscar vivienda por la casa. Un tiempo vivió en el mechón de canas de mi papá pero era aburridísimo porque el sonido de la guitarra no le llegaba arriba. Después, se fue a vivir a la freidora, le gustaba el clicliclicli que hacía el aceite caliente para hacer torrejas, pero casi no lo escuchó porque ni mamá ni papá hacen torrejas. Después, fue a parar al equipo de música, ahí se quedó un tiempo y aprendió mucho sobre tango y jazz, sobre el son negro, después no soportó más la charla con los transistores, los cables y las placas que hablaban en binario, decimal y otros idiomas que él no entendía. Así que, como argentino en país extranjero, decidió buscar un lugar con olor a asado y se fue a la parrilla, pero se aburrió, las brasas son gente muy triste. Terminó en mi lápiz del colegio y estuvo un tiempo ahí, dice que le caía bien el lápiz pero le gustaban más mis palabras, entonces pensó que en ese espacio entre el párpado y el ojo debía estar todo lo que yo veía y también todo lo que yo pensaba depende para que lado apuntara él su propia mirada (hacia adentro donde están los secretos y hacia afuera donde están los otros secretos). Y ahí nomás se me metió.
Yo no recuerdo bien que día vino, recuerdo muchos días y recuerdo éste en que me contó su historia y después se fue para siempre. Yo no me puse triste, pero a veces lo extraño y como mantecol y mi mamá se rié con su risa cortita y los ojos se le llenan de algo que es como una luz. Cuando ella se ríe así, mi papá hace una morisqueta con la cara que parece que se hace el tonto y se queda como tieso mirándola, y ella se pone como tímida y brillante y empieza a cantar la que me gusta a mí: run run se fue pa'l norte...

FIN