Institucional

La libreta de Alfredo

Disimular hasta llegar al baño

Veamos lo que sucede esta noche:
–¿Qué estás haciendo, Fede? –pregunta la mamá.
–La tarea de matemáticas, ma…
–Dejala y la terminás después. Ahora vamos a comer…
“No puedo”, piensa Fede, y pregunta: –¿Qué hay de comer?
–Milanesas con papas fritas.
–¡¿Otra vez?! ¿No podemos comer otra cosa?
–Pero Fede, ¡si te encantan las milanesas con papas fritas!

Ahora, veamos lo que sucedió esa tarde:
Estaban los mismos de siempre jugando en el recreo cuando de pronto, Fede sintió ganas de tirarse un pedito. Entonces se separó un poco de todos, pero justo cuando lo estaba por dejar escapar, viene Mile a decirle algo.
A Fede, Milena le gusta. Por eso le dio vergüenza que ella sintiera su pedito, y con mucha concentración, trató de disfrazarlo de otra cosa, y lo hizo pasar por un aire de malvones, como esos que están en el patio de la escuela. Pero sentía que mucho no iba a aguantar, y cuando Mile le dijo: “Fede, te quería preguntar…”, él, aguantando lo último que podía la interrumpió: –Sí, pero esperá un segundo que ya vuelvo.
Y salió corriendo para el baño, con la mala suerte de que lo paró la seño: –Fede, ¡sabés que no se puede correr en el recreo! Y ahí nomás, al aire de malvones lo hizo pasar por aire de perdón.
–Está bien, pero que sea la última vez –dijo la seño.
Y Fede siguió caminando, pero ligerísimo, como si siguiera corriendo pero en cámara lenta, bah, en cámara intermedia, ¡bah! casi en cámara normal. Y cuando por fin estaba por llegar al baño, se cruza con Daniel que le pregunta si le presta las cartas de superhéroes.
–¡No las traje! –le dice Fede, y al aire de perdón lo disfraza de aire de disimulo, porque sí las había llevado pero no se las quería prestar. Y a toda cámara llega por fin al baño y ahí sí. Ahí sí.
Ahí deja que el aire vuelva a ser un aire de su panza, y al dejarlo salir, estalla con olor a milanesa aplastada y papas fritas podridas.
–Buaaah ¡qué baranda! –dijo Matías, que justo había entrado al baño para hacer pis. Pero a Fede ni le importó, porque Fede a Matías mucho no lo aguanta. Y ahora que ya estaba tranquilo, se acordó de que Mile iba a preguntarle algo.
“¿Y si quiso aprovechar que yo me separé de todos para contarme un secreto?”, pensó Fede. “Mirá si quería decirme que ella también… ”
Justo ahí sonó el timbre y había terminado el recreo. Entonces Fede volvió caminando en cámara intermedia (tirando a rápida), y mientras todos entraban al aula se acercó a Mile y le dijo bajito: –Ahora sí podés preguntarme…
Y Mile lo miró como si no supiera de qué le estaba hablando.
–Hace un rato, en el recreo, ibas a preguntarme algo…
–¡Ah, sí! Te quería preguntar si me podías prestar la tarea de matemáticas para mañana. Pero ya me la va a pasar Leo, no te preocupes.
“Pero qué bronca”, pensó Fede con bronca. Y la verdad era que encima la tarea ni la había hecho todavía.
–Ah, bueno… –le dijo a Mile. Y se prometió para sus adentros, que mañana sí o sí, venía con la tarea hecha y sin aires en la panza.

Por Mariela Kogan

FIN