El Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México hizo un llamado para adoptar una nueva forma de ejercer la paternidad. La paternidad tradicional confunde la autoridad con el autoritarismo e infunde miedo y ausencia de confianza a sus hijos e hijas, apunta el Instituto, así como que las mujeres no deben ser educadas para servir a los demás y los hombres no deben seguir siendo educados para ser servidos por las mujeres.
El Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México hace un llamado a dejar atrás lo que tradicionalmente se nos ha enseñado respecto a cómo debe ser un padre: Se ha dicho, por ejemplo, que el papá ocupa un lugar privilegiado dentro de la familia por creer erróneamente, que al ser el principal proveedor económico, se merece ese trato. Se ha pensado que la función paterna de proveer económicamente a la familia, lo justifica para delegar totalmente a su compañera, pareja o familiares, la crianza y educación de sus hijas e hijos y que el papá es la máxima autoridad para dirigir sus vidas e incluso la de su pareja. Asimismo, se ha aceptado que los papás deben utilizar los golpes, insultos y burlas para imponer su autoridad.
Ejercer de esta forma la paternidad, ha traído consecuencias negativas como lo es el miedo que se transmite a las hijas e hijos y la inseguridad que tienen al ser lastimada su autoestima, asimismo, al interior de las familias se genera desigualdad entre sus integrantes porque se enseña, se aprende y se reproduce la idea de que la palabra de los hombres adultos es siempre la predominante en los asuntos más importantes, aún cuando no tienen la razón y de que los intereses de las mujeres valen menos que los de los hombres.
La discriminación es otra de las consecuencias en donde se ejerce una paternidad tradicional ya que, mientras a los hombres se les educa en el privilegio, a las mujeres se les educa para servir a los demás y a depender de la última palabra de los hombres; junto a esto está el hecho de que las hijas y los hijos aprenden que la violencia es un medio legítimo para imponer la voluntad de una persona y reproducen estas relaciones en sus noviazgos, con sus amistades y en sus familias.
La llamada paternidad responsable es una manera diferente de vivir el ser padre orientada a disfrutar y compartir las distintas responsabilidades que conlleva serlo, más allá del papel de proveedor económico y poder disfrutar plenamente la convivencia con sus hijas e hijos, de participar directa y estrechamente en su crianza y educación y de vivir una relación afectiva con ellas y ellos amorosa, respetuosa, sin violencias y sin autoritarismo.
Para generar cambios en la forma de relacionarse con las hijas e hijos, los padres compartan con ellas y ellos actividades que les ayuden a reconocer sus derechos y exigir su respeto dentro y fuera del hogar sin importar su edad, sexo o forma de pensar. Que los padres procuren vivir mayores momentos afectivos con ellos y ellas, respetar sus cuerpos y enséñales la importancia de exigir que nadie toque su cuerpo sin su consentimiento; escucharles con atención y referirse a sus opiniones con respeto y comprensión.
Asimismo, hace un llamado para que los padres compartan las labores domésticas con su pareja e incorporen a los hijos en tareas simples y en forma equitativa para dejar atrás los roles que condenan a las mujeres a ser servidoras de los demás. También, se dice que, a partir del reconocimiento de las diferencias y los derechos de cada integrante de la familia, podrán erradicarse formas violentas que se utilizan para imponer un punto de vista y con ello se aprenderá que la voz de todas y todos cuenta para cohesionar y tomar mejores decisiones al interior de los hogares.
Es necesario borrar los prejuicios para poder entender que la lucha mundial de las mujeres por el reconocimiento de su plena igualdad, ha generado modificaciones importantes en la estructura familiar, social y en el mundo laboral lo que ha cuestionado el modo tradicional de comprender y ejercer el rol de la paternidad.
Por ello el Inmujeres DF convoca a todos los padres a tomarse el tiempo de buscar respuestas a esos cuestionamientos y valorar que existen otras formas de convivencia y que se puede transitar hacia una paternidad responsable basada entre otras cosas, en el afecto, en la cercanía con sus hijas e hijos, en la distribución equitativa del trabajo doméstico y en la democratización de la toma de decisiones.
Artemisa Noticias/Inmujeres